“Queridos nietos…”

Hace un tiempo, “navegando por la red”, me encontré con esta publicación que no me dejó indiferente, y de la cual me sentí “obligado” a dar mi opinión, mi punto de vista.

No busco una respuesta, y menos una réplica a mi mensaje, solo, tenía que decirlo, tenía que compartirlo:

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A quien se dirija a esta carta:

Cuando sea viejo, me gustaría poder hablarles a mis nietos sobre lo que es el amor, me gustaría poder decirles que me enamoré, que sentí lo que realmente le daba motivo a mi vida. Explicarles que no me hicieron falta 3 copas de más para ahogar las penas, porque su abuela fue la calma dentro de mi tempestad, que la vida es mucho más bonita si sabes disfrutar de ella, pero es maravillosamente preciosa si la disfrutas al lado de la persona que también te quiere en la suya, que en los días de lluvia disfrutábamos viendo películas hasta las tanta sin mirar el reloj, que esperaba con ansias que llegase el viernes para poder verla y rodearla con mis brazos, que los mejores momentos de mi vida llegaron de la mano que me agarraba fuerte en los momentos difíciles y me susurraba que me quería, que todo saldría bien, y que después de tantas vivencias y experiencias a su lado, me sigue mirando a los ojos con la misma fuerza que la primera vez que intercambiamos nuestras miradas, mientras sostiene mi mano y, con los ojos entre abiertos y lacrimosos, se siente afortunada y orgullosa de haber podido disfrutar su vida junto a mí, mi vida, la que desde que tenia 20 años, ha sido, es, y será, nuestra vida.


Espero haberles abierto los ojos a quienes los tenian cerrados, aunque son ellos quienes se tienen que quitar la venda.

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¿Y si…?

Hace un par de semanas, cuando me dirigía a casa de mi pareja, viví una situación un tanto extraña, pero que me hizo reflexionar. Era un día normal como otro cualquiera, en los que cojo el metro para ir a visitar a mi novia, a unas 7 paradas, 15 minutos. Total, subo en mi estación y me encuentro a dos hombres, con una lata de cerveza en sus respectivas manos, hablando con tono alto y en inglés, por lo que no eran de España, sentados en el suelo,  junto a un perro. Me puse al lado de ellos, de pie. Mientras el metro seguía su trayecto, me fijaba en esos dos hombres, y a continuación miraba a los pasajeros de esa parte del vagón, que miraban sin cesar a estos dos individuos. En especial me fijé en una chica, que no paraba de mirarles fijamente con cara de cierta repugnancia. Aquella situación me hizo recapacitar. Ir en metro da para muchas cosas, leer, hablar por el móvil, escuchar música, o simplemente, viajar en metro. Comencé a pensar que las personas que íbamos en ese vagón, (incluido yo), estaríamos de acuerdo a que esos dos hombres son diferentes a nosotros, que son especiales, pero poca más tarde me hice una pregunta: ¿Y si los “especiales” no son ellos, y somos nosotros?. Quizás no me hayas comprendido, te lo explico. El ser humano, en sus principios, era libre de hacer lo que le viniese en gana, sin prejuicios, sin restricciones, con absoluta libertad; hubo una época en la que nadie miraba por encima del hombro a nadie, donde el ser humano era realmente libre. Mi reflexión me hizo pensar que el mundo en el que vivimos, ya sea una parte u otra de este planeta tierra, nos ha bañado de prejuicios, de “esto está bien y esto no”, la sociedad que nos guía en una sola dirección en la que si vas a contracorriente eres de ese grupo llamémoslo “especial”.  ¿Por qué no puedo estar sentado en el suelo del vagón del metro, bebiendo una cerveza con mi amigo, acaso molestamos a alguien para que nos miren así o solo por eso se nos etiquete de no ser ciudadano éticamente hablando?. Desde hace años, nos venden un producto que sin darnos cuenta lo consumimos a diario. Aquí va otro ejemplo, que sé que se entiende mejor. Fíjate en las tiendas de ropa de jóvenes de hoy en día (a las que no tengo nada en contra), venden productos de los cuales si los compras “vas a la moda”. Chico con bambas blancas, pantalón ajustado y corte de pelo idéntico al que pasa caminando por su lado en mitad de la calle. ¿No es lo que la sociedad quiere (en estos momentos)?. Y si quizás los “especiales” seamos nosotros que seguimos una tendencia sin estilo propio, seguimos a las masas con sus respectivas modas para encajar en la sociedad, y si los dos hombres del metro, sentados en el vagón bebiéndose una cerveza, fuesen las verdaderas personas sin prejuicios que tendríamos que ser?

Ponte a pensar

Ponte a pensar, ponte a pensar en tu vida hace unos años, si a eso se le puede llamar vivir, buscando de boca en boca un recoveco de amor sobre el cual depositar tu breve satisfacción, creyendo que el mundo no estaba hecho para ti, que eras fuerte y que podías con todo, repitiéndotelo una y otra vez después de volver a caer con el mismo escalón con el que tropezaste cientos de veces, poniendo tu mente en el cielo, deseando que tus sueños se hiciesen realidad, que hasta la más mínima de las casualidades estuviese a tu favor y que cada pedazo roto en ti volviese a recomponerse para así por lo menos comenzar a vivir.

Ponte a pensar, si, ponte a pensar, en aquel será que acabó siendo, en aquel sueño que se hizo realidad, en las manos sobre las que entrelazarías tus fríos dedos en una gélida noche de invierno, en la palabra que nunca imaginaste que sus labios pudiesen pronunciar, en el sentimiento que evocó desde lo más profundo de ti, como si hubiese estado esperando a la persona apropiada para sentir con todo su poder, ánimo y esperanza, percibiendo que uno de tus cinco sentidos comenzaba a ganarle la partida al resto, que desde aquel encuentro comenzaba a manifestarse de forma inevitable cada vez que escuchabas su nombre.

Ponte a pensar, ponte a pensar en lo que ha llovido desde aquel día, has continuado viviendo, porque vivir tenemos que vivir (es lo que hay), pero no de la misma forma en la que lo haces ahora. Echa la vista hacia atrás, rebobina, una rara sensación se adueñara de ti, comenzaras a sentir que las cosas no van bien, que el pasado, por algo, es pasado, que todo momento en el que no esté en tus pensamientos merecería ser borrado de tu mente solo por un simple detalles, y es que ya te has acostumbrado a ella, si, a ella, la persona que te hizo volver a vivir, quien te ofreció todo su amor y apostó por ti encontrándote una vez más en un mar perdido del que muchos todavía vagan, enseñándote que el mundo no está hecho para ti, que está hecho para los dos, para estar juntos, y para caer y volverse a caer cogidos de la mano, ayudándose el uno al otro a levantarse, uniendo cada pedazo de pasado con el pegamento que todo lo sana, el amor, y sintiendo que lo único que ha pasado a su lado es el tiempo, porque todos y cada uno de tus sentimientos siguen corroborando que no hay otra vida mejor que no sea esa en la que no puedas de dejar de darle las gracias por entrar en tu vida, por hacerla más simple, por darle ese toque que necesitaba para volver a ser vida, por darle sentido a la frase “te quiero”.

Soñar despierto

¿Que qué significa estar enamorado? Pues no busques una respuesta clara y concisa… y mucho menos que lo entiendas. Dudo mucho que te pueda llegar a satisfacer con mi respuesta, pero como lo que cuenta es la intención, ahí va.

Hay personas que le llaman mariposas en el estómago, otras que prefieren llamarlo cosquilleo, algunas lo llaman nervios… en fin, cada cual lo llama como quiere, pero yo prefiero llamarlo “estar enamorado”.

Cuando la tienes entre tus brazos, cuando la besas, cuando le susurras al oído que te encanta y que conocerla es lo mejor que te ha podido pasar, cuando a cada te quiero le sigue una sonrisa que termina por dejarte la cara de tontito que solo ella puede conseguir sacarte, cuando acaricias su pelo suavemente con delicadeza, cuando el “te quiero” se convierte en un sentimiento tan fuerte que parece que te vaya a estallar el corazón, cuando sientes que un para siempre se queda corto, eso, eso es estar enamorado.

Comenzarás a preguntarte porque, porque la echas de menos a cada instante, porque necesitas sus besos, porque cuando no la tienes entre tus brazos sientes que te falta algo, como si parte de ti se desvaneciera, pero es normal, estás enamorado, hazme caso, que de esto algo sé, o creo saber.

¿Y qué me dices de esas noches en las que desearías tenerla al otro lado de la cama? Noches en las que sientes que te falta algo, en las que te das cuenta de que por más que abraces fuerte a la almohada no vas a conseguir que dejes de pensar en ella ni un solo segundo.

Despertarte y que lo primero que hagas sea coger el móvil para ver sus buenos días, esos que te dan fuerza para vivir, con los que consigue hacerte el hombre más feliz del mundo, esos buenos días que desearías escucharlos cada mañana al despertar.

Corrígeme si me equivoco, ¿pero no te ocurre que si piensas por un momento que no tienes a esa persona en tu vida, sientes un vacío incalculable? Intenta pensar en ello, no creo que dures más de 23 segundos sin volver a la realidad, esa en la que la felicidad tiene nombre y apellido, en la que la alegría se mide en estatura, y en la que la locura te acaba llevando a la misma persona.

Te quiero.

No lo volveré a hacer

Otra vez, otra vez lo he hecho, no puedo seguir así, no lo volveré a hacer.

Pasan los minutos, que digo, los segundos, y vuelvo a mirar nuestras fotografías guardadas en lo más profundo de mi ordenador, que casualidad que todavía me acuerdo de donde las dejé, porqué será.

Abro la carpeta, reviso un par de fotos y noto que algo va mal, algo no está bien, no debería seguir mirando esos recuerdos, así que arrastro el cursor hasta la x para cerrar la carpeta y me juro que no volveré a abrirla, pero lo vuelvo a hacer.

Perdona, siento molestarte una vez más, pero se te ha caído por aquí un poco de nuestra felicidad, no pasa nada, hago como si no la he visto. Cuidado, yo de ti no abriría ese cajón, contiene demasiadas emociones para intentar contenerlas sin poder sonreír. Por lo demás puedes continuar con tu vida tranquilamente, que yo me encargo de ordenar este desastre que tengo aquí montado.

No puede ser, otra vez, otra vez lo he hecho. Borré tu número de teléfono de todos sitios, pero mi cabeza me ha jugado una mala pasada y se acuerda de cada digito, que mala suerte. Sin querer te guardo en mis contactos, y continuo abriendo mi whatsapp para ver tu foto de perfil, maldita sea. Todavía no te la has cambiado, calculo que tardarás 2 semanas en actualizarla, con el correspondiente estado que le toca, claro está, que ya nada tiene que ver con los que nos dedicábamos indirectamente.

Bloqueo el móvil y sigo haciendo mis cosas, lo aparto para no tentarme a cotillear un poco sobre tu nueva vida, pero tardo segundos en volverlo a hacer, otra vez.

Unos regalos por aquí, otras cartas de amor por allá, estos te quieros los guardaré en la caja de “objetos frágiles” para que ni se me ocurra volverla a abrir… creo que ya está todo bien ordenado y clasificado, es hora de comenzar de 0.

Me tumbo en la cama a esperar que pasen los minutos, todavía no tengo sueño, me pondré a escuchar mi lista de reproducción hasta que pueda dormir. Otra vez no, ahora que todo tenia puesto su sello y estaba bien empaquetado al lugar de nunca jamás, vuelvo a escuchar nuestra canción, esa que tantas noches escuchaba antes de irme a dormir, esa que me recordaba tanto a ti.

Ahora ya si, intento olvidarlo y apago la luz, mañana será un nuevo día, y me prometo que nada de esto se volverá a repetir.

No lo volveré a hacer.

Una vez más

Intenta olvidar nuestro futuro, solo inténtalo, haz el esfuerzo. Ese que buscamos desde la primera vez que nuestras miradas se cruzaron en aquel lugar donde ya nunca volveremos a ver con los mismos ojos. Inténtalo. Olvídate de todo lo que pudimos haber sido, del futuro que creamos tu y yo, nosotros, juntos, el cual se alojaba en nuestro interior, ese que poco a poco fue desvaneciéndose al verse falto de razones para seguir creyendo.

No digas nada, solo intenta olvidar los seremos, los te quieros que se quedaron buscando refugio para tanto amor, y las razones por las cuales volvimos a ser dos. Fuimos capaces de todo, pudimos con la mayor de las adversidades, vivimos una historia breve pero intensa, la cual se quedó deambulando en busca de cualquier recuerdo que pudiese volver a hacerte sonreír, a volver a hacerte sentir.

Intenta olvidar que alguna vez fuimos felices, si, porque lo fuimos. No te extrañes si en tu rostro se dibuja una pequeña mueca en forma de sonrisa cuando a tus oídos llegue cualquier recuerdo relacionado con nosotros, es normal, el corazón no sabe de olvidos.

Vuelve a intentarlo, una y otra vez, lo conseguirás, o al menos creerás haberlo conseguido.

No podría decirte el tiempo que tardaremos en reemplazarlo, no será fácil, eso te lo aseguro; creeremos ser fuertes y haberlo superado, pero poco a poco llegarán pedazos de trozos rotos de nuestra vida, aquella que un día imaginamos y pusimos todo nuestro empeño y ganas por hacer realidad, aquella en la cual depositamos hasta el último pedazo de esperanza.

Hablarán de nosotros, nadie podrá contenerse a rumorear sobre nuestra relación, que irá vagando de boca en boca haciéndose cada vez mas recuerdo que realidad. Pero todo eso vendrá a destiempo, demasiado tarde para volver a cerrar nuestro vació, aquel que dejamos al dejar de ser uno.

Hazme caso, intenta olvidarnos, por favor, por nuestro bien, por el bien de aquel futuro que levantamos, en el que las ganas pudieron con todo, aquel en el que depositamos demasiada ilusión para hacerlo realidad, aquel que nunca fue por culpa de los dos.

Podremos olvidarlo.

Te lo prometo.

Y nos enamoramos…

Y nos enamoramos, y nos dejamos llevar. Pasan los días, ves como tu amor crece y crece, nunca imaginaste que sentirías algo así por alguien, es más, nunca imaginaste poder sentir ese sentimiento tan grande dentro de ti.

Pasan los días, y con ellos las experiencias a su lado, los buenos días y los te quiero. Pero nadie elige su destino.

Aquella persona con la que soñaste más allá de tus propios límites, ya no está. Puedes intentar buscarle una razón, pero nunca encontraras la adecuada para buscarle el verdadero porque.

La vida, con el tiempo, nos enseña que todo puede cambiar en cuestión de segundos; una sonrisa, un simple mensaje, un buenos días… nada es para siempre si no lo cuidas. Nos vamos haciendo más fuertes, o eso pensamos; caemos una vez detrás de otra, y seguimos buscando el camino para volvernos a levantar con los menos rasguños posibles, para intentarlo de nuevo, para volvernos a caer.

Que lo que hoy es blanco, mañana puede ser negro, que lo que hoy te alegra, mañana te mata, que la sonrisa que te enamora, mañana te destroza, que la boca que te besa… desearías volverla a besar.

Déjame invitarnos

Hay cosas en esta vida que no se pueden comprar, que no se pueden pagar con dinero, o simplemente, no se pueden describir.

Es imposible describir esos momentos en los que las palabras bastan, en los que una sola mirada puede decir más que mil palabras, donde una sonrisa puede enamorarte para toda una vida, donde se forma un sexto sentido, el cual solo puedes apreciarlo cuando estas a su lado.

Y no sabría… no sabría decirte con palabras lo que siento cuando la tengo entre mis brazos, cuando sientes su respiración, cuando podrías pasarte toda una noche mirándola fijamente a esos ojos que tanto quieres, que tanto deseas y que tanto añoras cada mañana al despertar.

Sería incapaz de describir con palabras lo que se siente besarla mientras acaricio suavemente su cuello, sería incapaz de decirte con exactitud que se siente cuando la miro a los ojos, cara a cara, diciéndonos que nos queremos y que siempre lo haremos, sería incapaz de describirte todos esos momentos únicos que no se buscan, que no se pagan con dinero, que solo puedes sentir a su lado y que sabes que con nadie más podrás volver a sentir ese cosquilleo en el estómago, esas mariposas que te asaltan cuando la tienes a tu lado.

Porque lo mejor de esta vida no se explica, lo mejor de esta vida no se ve ni se toca… lo mejor de esta vida se siente, lo mejor de esta vida son esos momentos a su lado que nunca, nunca, podrás describir, porque las palabras sobran cuando el corazón habla…